lunes, 16 de marzo de 2020

La tercera ley


Observa el libro sobre la mesa. Está quieto e inmóvil. Sobre él está actuando una fuerza que nos empuja a todos: el peso y lo sé porque si levanto el libro y lo suelto, cae sobre la mesa donde vuelve a quedar inmóvil.

La primera ley de Newton nos dice que, si un objeto está quieto, sobre él no actúa fuerza neta, por lo tanto, debe existir alguna fuerza que empuje al libro hacia arriba e impida que se hunda en la mesa. Esa fuerza, que hasta ahora desconocíamos, recibe el nombre de normal y debe empujar al libro hacia arriba compensando a su peso.

La tercera ley de Newton afirma que, cuando un cuerpo empuja a otro, el segundo empuja al primero con la misma fuerza, pero en sentido contrario. La primera fuerza recibe el nombre de acción y la segunda se llama reacción.

¿Qué ocurre con nuestro libro sobre la mesa? La Tierra lo atrae con una fuerza llamada peso. Como el libro descansa sobre la mesa, el libro empuja a la mesa hacia abajo con esa misma fuerza peso y que es la fuerza acción, y la mesa empuja al libro con una fuerza igual, pero hacia arriba llamada normal, que es la fuerza reacción. La normal y el peso del libro se compensan una a otra y el libro permanece inmóvil sobre la mesa.

Como la Tierra atrae al libro con una fuerza, el peso, esa fuerza es la acción, y el libro atrae a la Tierra con una fuerza igual, la reacción. Si levantamos el libro y lo soltamos, cae por el peso, pero la Tierra también iría hacia el libro… pero es tan grande que no se mueve, porque la fuerza es muy pequeña.

Los aviones modernos se mueven a reacción: los motores absorben aire y lo empujan hacia atrás, fuerza acción, y el aire empuja al avión hacia adelante, fuerza reacción. Pero nosotros nos movemos, también, por la fuerza de reacción.

Cuando caminamos, con nuestro pie empujamos al suelo hacia atrás y el suelo nos empuja hacia adelante: por eso avanzamos. Si queremos levantarnos de un sillón, nuestros pies empujan el suelo hacia abajo y nuestras manos al sillón también hacia abajo y es la reacción del suelo y del sillón la que nos eleva.

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